El control de precios es una amenaza a nuestra forma de vida

Hay muchos problemas con el sistema que hemos heredado. Problemas que urgen solucionar, pero lastimosamente, como sociedad, hemos caído en la trampa de quienes ofrecen soluciones fáciles a problemas complejos. Soluciones falsas que acelerarán nuestro colapso como sociedad, mientras los buitres políticos hacen fiesta y se engordan del cadáver de la economía salvadoreña.

No podemos ignorar que hay demasiada gente en nuestro país sin acceso a niveles básicos de salud. Demasiados niños cuyo futuro se ve amenazado por no poder recibir las medicinas que necesitan. Demasiados adultos mayores que pasan sus últimos años en dolor y agonía por no  contar con los medicamentos que les pudieran ofrecer una mejor calidad de vida. Demasiados jefes de hogar que se van angustiados sabiendo que no cuentan con los recursos para poder proveerles a sus familias el cuido que merecen.

Una de nuestras funciones primordiales como sociedad es resguardar la dignidad del ser humano. En muchos aspectos hemos fallado.

Pero nuestra historia está llena de falsos héroes. Muchas veces el más malvado es el más astuto, y con dicha astucia logran cegarnos a las complejas realidades que enfrentamos. Es nuestra labor desnudar a estos farsantes por lo que realmente son y luchar para redireccionar a nuestra nación en el arduo camino de la justicia y la prosperidad.

La historia ha demostrado una y otra vez, incontables veces, que los controles de precios no funcionan. Así como fuera imposible revertir la gravedad por dictamen legislativo, hay leyes naturales que rigen las interacciones humanas y su funcionamiento en la sociedad, y estas son imposibles de revertir con el simple hecho de escribirlas en un papel con sello oficial. Los controles de precio no funcionan, y por el contrario, sus repercusiones son mucho más nefastas que los problemas que pretendían solucionar.

El mayor problema es que los más arduos proponentes de estos controles de precios están muy conscientes de que no funcionan. Es más, su propósito es exactamente que no funcionen. Son los buitres más astutos que hemos enfrentado. Saben que al fracasar los controles de precios, no fracasará solamente una ley, fracasará una industria entera, llevada a sus rodillas por la mal intencionada fuerza de la ley. Su apuesta es que ante el inminente fracaso de la industria en el país, los únicos que tendrán los recursos suficientes para llenar ese vacía serán ellos. Se volverán ellos el nuevo empresariado del país, con la diferencia que habrán quebrado a toda la competencia, y controlarán las leyes para favorecerse a sí mismos.

Los buitres engordándose del cadáver de la economía, de la industria, de la sociedad y de la nación como tal. El cadáver de nuestro futuro.

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