Imperdonable Pasividad

Un joven no se puede equivocar, pues se le perdonan los errores, pero lo que sí no se le puede perdonar es la pasividad. Personalmente puedo asegurar que he cometido varios errores y que mi criterio ha fallado varias veces en mis años y en mi proceso de involucramiento político, pero desde un inicio tomé la decisión de aceptar los riesgos, de asumir los errores y de seguir adelante, siempre guiado por los principios que me han impulsado.

Discutíamos el tema hace poco con un amigo. En algún momento compartimos un mismo proyecto, pero la coyuntura nos llevó en diferentes direcciones. Podemos estar en desacuerdo sobre los nuevos proyectos que hemos asumido, pero respetamos nuestra determinación de hacer una diferencia a través del involucramiento y la participación. La amistad no se fundamenta en la homogeneidad, sino en el respeto mutuo y en el reconocimiento de una misma voluntad.

De esta misma forma debemos construir una generación entera con una visión diferente sobre la política. Una generación dispuesta a educarse, prepararse y saber llevar esa capacidad a la acción política. Una  generación emprendedora dispuesta a asumir los riesgos que conlleva la participación. Una generación con más agallas que aquellos que han asumido el poder, que puedan ganarles la moral para abrirse sus propios espacios y así empezar a determinar un nuevo rumbo para nuestro país.

Mi proyecto personal es la construcción de una plataforma, intelectual y política, electoralmente viable y fundamentada en claros principios liberales, para que los mejores elementos de esta nueva generación puedan asumir la responsabilidad de construir un mejor país. Puede ser desde un partido o desde la sociedad civil, no sé aun. El mejor camino no está claro, pero el rumbo sí.

Este es mi sueño y mi esperanza para un mejor país, pero así como tengo el mío, habrá otros que tengan los suyos. Lo importante es que todos trabajemos en la construcción de nuestra visión, y que nos reconozcamos y respetemos mutuamente por esa convicción. Lo importante es nunca caer en la pasividad. Nunca caer en el olvido.

Nuestro país, hoy, está cayendo en el olvido. En la irrelevancia, en el estancamiento, en la pobreza. Sin duda el rumbo que llevamos no es el correcto. Sin duda hemos permitido que nuestros gobernantes abusen del poder que se les ha otorgado mediante nuestra pasividad. Son coyunturas críticas como esta las que determinan el futuro de un pueblo, pero su resolución no se establece con el resultado de una elección. Limitar nuestra participación al voto es lo que nos ha llevado a esta situación.

La participación no depende de que se nos inviten a algún lado o de que alguien nos abra un espacio. Se empieza desde lo cotidiano. Desde las conversaciones que tenemos. Tenemos voz para opinar, papel para escribir y razón para ser críticos y proponer nuevas ideas. Desde juntarte con tus amigos a discutir los temas que te preocupan, o buscar a alguien ya involucrado y expresarles tu apoyo y voluntad de participar junto a él. Ante todo, mantener un proceso constante de aprendizaje a través de la lectura. Todos estos primeros pasos hacia hacer una diferencia.

No nos perdamos en las ansias electorales. Mantengamos una visión a largo plazo. Que el calor electoral nos sirva nada más para calentar los músculos y prepararnos a seguir batallando, a seguir demandando, a derribar cada día, barrera por barrera, muralla por muralla, todos aquellos trabones que están impidiendo el progreso de nuestra nación.

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