Una generación comprometida

Es fácil demandar la renovación de parte de las instituciones políticas. Esperar que ellos tomen la decisión de reconocer sus errores y hacerse de lado. Mayor reto es construir las condiciones para que esta renovación no sea solo posible, sino inevitable. Para esto se requiere de una generación comprometida, dispuesta a hacer lo necesario para demostrarle a la nación que la dirección por la que se ha optado no es la correcta y que el futuro que todos deseamos construir es posible solamente si olvidamos y trascendemos las ideas y confrontaciones del pasado.

Creo fielmente que la nuestra es dicha generación. Pero no está en otros reconocérnoslo. Está en nosotros demostrar el compromiso que tenemos con el país. Ciertamente somos una generación comprometida, capaz y preparada. Hoy debemos evidenciar que podemos hacer las cosas diferentes. ¿Qué debemos hacer entonces para demostrarlo?

  1. Prepararnos intelectualmente. Debemos ir más allá de nuestros estudios formales y demostrar que tenemos una intensa sed por entender cómo funciona el mundo que nos rodea y cómo podemos hacer para mejorarlo.
  2. Defender principios claros. No es necesario que estemos de acuerdo en todo, pero si es necesario que sepamos reconocer y comunicar los principios que representamos. Es importante respetar más a quien es fiel a sus principios, aunque difieran de los propios, que a quienes por buscar el poder están dispuestos a despojarse de ellos.
  3. Buscar entendimientos. Somos testigos que la confrontación es el freno de mano que mantiene a nuestra nación estancada. Necesitamos ser capaces de reconocer principios y objetivos compartidos y tender los puentes necesarios para construir en esa dirección.
  4. Comprometernos con la transparencia. Demasiado se ha hablado de la transparencia para lo inaceptablemente poco que se ha hecho realmente. Sin duda la deuda más grande que nuestros políticos mantienen. Debemos demostrar un compromiso absoluto con la transparencia.
  5. Enfocarnos en la institucionalidad. Como decía Lord Acton, el poder corrompe. Está en su naturaleza, y la única forma de protegernos ante las amenazas de los individuos y grupos que buscan beneficiarse del poder es fortaleciendo la institucionalidad. Solo así se asegura el futuro.

Las concepciones socialistas y conservadoras del mundo, con sus confrontaciones de guerra fría que han liderado nuestra visión política por tantas décadas, son dogmáticas y cerradas. Dichas visiones serán incapaces de llevarnos hacia el futuro. Necesitamos trascender las visiones políticas tradicionales y crear concepciones modernas, abiertas e incluyentes.

Debemos alcanzar un consenso institucional entre genuinos Social-Demócratas y Liberales que asegure que sin importar quién esté en el gobierno en un momento dado, los fundamentos democráticos, el respeto a los derechos ciudadanos y la libertad serán fielmente protegidos.

Debemos asumir hoy la responsabilidad histórica de modernizar nuestra nación. Esto inicia con la renovación, no solo de liderazgos, sino de ideas y principios. Depende puramente de nuestro compromiso. Del trabajo que estemos dispuestos a dedicar. De la convicción que compartamos como generación que podemos heredarle al futuro un gran El Salvador.

Este no es un juego para espectadores. Está en ti decidir ser parte de esta nueva generación.

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